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¿Por qué nos cuesta tanto Orar?

Una consecuencia devastadora de la caída del hombre fue que al morir espiritualmente, sus ojos fueron cerrados al mundo del espíritu, y el hombre quedó encadenado al mundo sensorial. Lo que antes era la atmósfera en la que habitaba, trabajaba y existía se le volvió tan distante, extraña y tan deseable como la constelación de la osa mayor situada en el más allá.  Aunque todos deseamos tener una vida de oración profunda, son muy pocos los que logran el tan anhelado galardón. Se nos hace más fácil entablar una amena conversación con algún familiar o amigo que con el creador de todas las cosas. Y aun si logramos algún tiempo de oración, si no percibimos algo en nuestros sentidos humanos, tenemos la sensación de que Dios ese día estaba enojado con nosotros por algún pecado oculto, o tal vez se fue con los ángeles a dar un entretenido paseo por algún nuevo planeta en el universo.
 
La oración se nos hace  difícil porque a nuestra humanidad le cuesta mucho hablar con alguien que decidió relacionarse con nosotros sin que lo podamos ver. Muchas veces en nuestros peores momentos, ni siquiera estamos seguros si hay alguien al otro lado de este abismo, que separa nuestra humanidad de su gloriosa majestad.  <<Sí, yo sé que me ama, ¡yo también lo amo!>> Nos decimos a nosotros mismos para tratar de callar la frustración. Sin embargo, nuestro hombre espiritual responde a los pensamientos hostiles que se agolpan en nuestra mente diciéndoles: <<lo que no has entendido es que hay momentos en que ese amor transformado en la vara de la corrección, te hace dudar, no de su amor, sino de tu propia capacidad para oírlo, cuando se levanta la tormenta del silencio ensordecedor>>. En otras palabras, cuando el Señor permite momentos de silencio en nuestra vida, es para enseñarnos a seguir confiando en su gracia, viviendo por una fe que no se rinde, a pesar de no verle ni sentirle en ese instante.
 
Estamos tan acostumbrados a sentir, que cuando no lo experimentamos en el cuerpo, rápidamente creemos que nuestra oración fue una gran pérdida de tiempo; aunque intelectual y teológicamente entendemos que con Dios es imposible desaprovechar un solo minuto de nuestra vida. Y nos decimos: <<Pero cómo hago para enseñarle a esta alma mía, que a pesar de no sentir a Dios en un tiempo de oración, Él sólo me está enseñando a creer, aunque no pueda percatarme de su rocío en un momento>>… Asimismo La Biblia me contesta: <<es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él es real, y que Él recompensa a los que a pesar de no verlo o sentirlo, siguen creyendo en su presencia>> (Hebreos 11:6 Énfasis añadido).

Un paso importante en nuestro camino hacia la madurez en la oración, será comprender en lo más profundo de nuestro hombre interior, que en nuestros tiempos de intimidad con Dios, no es tan importante cuanto lo siento en mi humanidad, sino más bien, cuanto Él  puede sentir la fuerza de mi corazón, allá en el tercer cielo. Por lo tanto, ese entendimiento va a depender de cuanto valoro, más allá de conceptos fríos o meramente doctrinales, el sacrificio de su Hijo y qué tan arraigado estoy a esa magnífica obra de amor y abnegación.    


Dios no nos oye por el tiempo que estamos de rodillas, por cuanto ayunamos o por cuan espiritual parecemos, la única razón por la que nos oye, es porque cuando hablamos en intimidad, Él ve a su Hijo fusionado con nosotros en uno solo, en perfecta justicia y santidad.  Cuando esto se revela a nuestros corazones y caminamos en esta verdad, aunque no sintamos al Señor, en nuestro espíritu corremos a los pies de la cruz, llevando nuestra alma prisionera, y como sus compañeros de celda a nuestros sentidos, sometiéndolos todos a la ley de la fe y la confianza. Y entonces le cantamos a nuestro amado: <<Gracias por tu obra completa, porque aunque no te sienta sé que estás allí, tan cerca que no importa a donde vaya, tu amor y tu gracia siempre me sustentan>>.

 

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Este es el capítulo nro 5 del libro "Profundidad Devocional" de la escritora: Marlyn García.

Puede adquirirlo en su página web: www.marlyngarcia.com

Este libro fué presentado en mayo de 2015 durante Expolit 2015 en la ciudad de Miami - USA.

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